• 12 septiembre, 2026

Milei logró bajar la inflación: ahora viene lo más difícil, que la gente lo sienta

La inflación de agosto fue del 1,7%, la más baja de los últimos 14 meses. Es un dato que Javier Milei puede mostrar como uno de los principales resultados de su programa económico. Pero la Argentina entra ahora en una segunda discusión: estabilizar los precios ya no alcanza. El desafío es recuperar actividad, empleo, salarios y consumo para que la mejora de las estadísticas empiece a sentirse en la vida cotidiana.

Durante años, conocer el dato mensual de inflación fue casi una ceremonia de malas noticias para los argentinos. Agosto dejó esta vez un número que el Gobierno celebró: 1,7% mensual, frente al 2,1% de julio. La inflación acumulada durante 2026 llegó al 21,3% y la interanual quedó en 33,5%.

Puesto en perspectiva, el cambio es importante. Milei recibió un país que había cerrado 2023 con una inflación anual superior al 200% y convirtió la estabilización de precios en el corazón de su programa económico.

Negar esa transformación sería tan poco serio como sostener que con ella quedaron resueltos los problemas de la economía argentina.

Porque ahora empieza otra etapa.

La inflación bajó, pero el bolsillo tiene otros números

La dificultad política para el Gobierno es relativamente sencilla de explicar.

La gente no vive mirando solamente el IPC.

Mira cuánto cuesta llenar el changuito, pagar la electricidad, el gas, el alquiler, la tarjeta o mandar los chicos a la escuela. Y mira, fundamentalmente, cuánto dinero queda después de pagar todo eso.

El propio dato oficial de agosto muestra esa diferencia. Mientras el IPC aumentó 1,7%, la canasta básica alimentaria y la canasta básica total subieron 2,6%, por encima del promedio general.

Por eso puede ocurrir algo que parece contradictorio pero no lo es: la inflación puede bajar y una familia puede continuar sintiendo que llega con dificultad a fin de mes.

Que los precios aumenten más lentamente no significa que vuelvan a los valores anteriores. Significa que siguen aumentando, pero a menor velocidad.

Esa diferencia económica será también una de las grandes discusiones políticas camino a 2027.

El nuevo problema se llama actividad

Hay otro frente que empieza a adquirir cada vez mayor importancia.

Los últimos datos disponibles del INDEC muestran que la producción industrial manufacturera cayó 5% mensual en julio, mientras el estimador de actividad económica había mostrado una suba interanual de apenas 0,8% en junio. La desocupación, en tanto, fue del 7,8% durante el primer trimestre de 2026.

Industria y construcción están particularmente golpeadas. Los últimos indicadores mostraron retrocesos importantes en ambos sectores, justamente dos actividades con fuerte capacidad para generar empleo privado.

Y acá aparece la segunda prueba del modelo.

El ajuste fiscal y monetario permitió atacar una de las enfermedades históricas de la Argentina. Ahora el Gobierno necesita demostrar que la estabilidad puede convivir con crecimiento y generación de empleo.

Porque estabilizar una economía que no crece suficientemente puede ordenar números, pero difícilmente alcance para construir bienestar duradero.

Del miedo a la inflación al miedo por el trabajo

También está cambiando la preocupación social.

Durante buena parte de los primeros años de Milei, la inflación ocupó el centro de prácticamente cualquier conversación económica. Con la desaceleración de los precios, empiezan a ganar terreno otras inquietudes.

El empleo y los salarios aparecen cada vez con mayor fuerza.

Distintos estudios de opinión vienen detectando precisamente ese movimiento: la preocupación por la falta de trabajo y los bajos ingresos ocupa lugares centrales entre los problemas mencionados por los argentinos.

A eso se suma un fenómeno particularmente delicado: el endeudamiento de las familias.

Créditos personales, tarjetas y préstamos de aplicaciones o billeteras digitales se convirtieron para muchos hogares en herramientas para atravesar el mes. El problema aparece cuando el crédito deja de utilizarse para comprar un bien durable y empieza a ser necesario para pagar alimentos o servicios. Informes recientes muestran además un fuerte crecimiento de la morosidad, especialmente entre los más jóvenes.

Ahí existe otra señal que ningún gobierno puede ignorar.

El éxito de Milei también cambió lo que se le exige

Hay una paradoja interesante.

Cuanto más consiga Milei reducir la inflación, menos podrá utilizarla para explicar el resto de los problemas económicos.

Cuando la inflación era mensual de dos dígitos, prácticamente todo quedaba condicionado por ella. Empresas, salarios, créditos, inversiones y consumo funcionaban dentro de una economía donde resultaba muy difícil conocer siquiera cuánto valdría algo unas semanas después.

Si esa etapa efectivamente queda atrás, cambia la vara.

El ciudadano empezará a preguntar por otras cosas.

¿Mi salario alcanza? ¿Tengo trabajo? ¿Puedo conseguir uno mejor? ¿Mi comercio vende? ¿Puedo acceder a una vivienda? ¿Puedo ahorrar? ¿Estoy mejor que hace un año?

Son preguntas bastante más difíciles de contestar con una planilla.

Un logro que necesita una segunda parte

La oposición también debería tomar nota.

Después de décadas de inflación argentina, sería absurdo minimizar un 1,7% mensual simplemente porque beneficia políticamente al Gobierno. La estabilidad de precios no debería ser patrimonio de Milei ni de ningún partido: debería convertirse en un piso que la Argentina no vuelva a abandonar.

La discusión interesante es qué construir arriba de ese piso.

Milei sostiene que una economía ordenada, abierta y con equilibrio fiscal terminará generando inversión y crecimiento. Sus críticos advierten que la apertura, las altas tasas y la debilidad del mercado interno están dañando empresas y puestos de trabajo antes de que esa recuperación llegue.

Los próximos meses empezarán a mostrar quién tiene más razón.

Pero políticamente el tiempo también cuenta.

La elección de 2027 se jugará en el bolsillo

El Gobierno tiene un activo importante: consiguió desacelerar fuertemente una inflación que durante años parecía imposible de controlar.

Pero 2027 probablemente no se discuta solamente comparando el IPC actual con el de 2023.

Para entonces, después de más de tres años de gestión, el votante tendrá una pregunta mucho más personal:

¿Estoy mejor?

Y esa respuesta no la determinará únicamente el INDEC.

La dará el sueldo. El trabajo. La tarjeta. El comercio del barrio. La posibilidad de ahorrar. La deuda familiar. La actividad de una pyme.

Milei consiguió que los precios dejaran de correr a la velocidad con la que corrían.

Ahora necesita que empiece a correr la economía.

Ese probablemente sea el desafío más difícil de la segunda mitad de su mandato.

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