• 24 agosto, 2026

La elección de 2027 todavía parece lejana en el calendario, pero en la provincia de Buenos Aires la carrera ya comenzó.

Y uno de los primeros terrenos donde se empieza a disputar poder no tiene que ver todavía con candidaturas, actos o encuestas. Tiene que ver con algo mucho más concreto: quiénes estarán habilitados para competir.

El debate por las reelecciones de los intendentes bonaerenses vuelve esta semana al centro de la escena y amenaza con convertirse en una de las primeras grandes discusiones políticas del camino hacia 2027.

El proyecto impulsado por el sector alineado con Axel Kicillof busca eliminar el límite de dos mandatos consecutivos establecido por la legislación vigente. Pero la iniciativa todavía no tiene los votos necesarios y, antes de enfrentarse con la oposición, el oficialismo deberá resolver sus propias diferencias internas.

Una discusión sobre mandatos que en realidad habla de poder

Formalmente, el debate es sencillo: permitir o no que los intendentes puedan volver a presentarse sin límites.

Políticamente, es mucho más complejo.

Los jefes comunales constituyen una de las estructuras territoriales más importantes de la política bonaerense. Manejan gobiernos locales, militancia, recursos, conocimiento del territorio y, sobre todo, capacidad de movilización electoral.

Por eso, definir quién puede competir en 2027 también significa definir qué dirigentes conservarán poder y cuáles estarán obligados a buscar sucesores.

Para Kicillof, que intenta consolidar una construcción política propia dentro del peronismo, los intendentes representan una pieza central.

Buena parte de su armado territorial se apoya justamente en jefes comunales que pretenden conservar la posibilidad de competir nuevamente.

La discusión por las reelecciones empieza entonces a mezclarse inevitablemente con otra discusión mayor: quién conducirá el peronismo bonaerense en la próxima etapa.

Kicillof, Massa y el kirchnerismo: tres miradas dentro del mismo espacio

La dificultad para avanzar con el proyecto refleja las tensiones existentes dentro de Fuerza Patria.

El Frente Renovador, conducido por Sergio Massa, fue uno de los principales impulsores de la ley que en 2016 limitó las reelecciones y mantiene reparos frente a la posibilidad de eliminar nuevamente ese límite.

Por eso adquiere importancia la reunión prevista entre el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, y la senadora massista Malena Galmarini, presidenta de la Comisión de Reforma Política y Régimen Electoral.

El encuentro llega después de varios pedidos formales de Galmarini para conocer qué pretende hacer exactamente el Ejecutivo provincial con las reformas electorales.

La particularidad del episodio también muestra el nivel de tensión interna.

Que dos dirigentes que integran el mismo frente político hayan tenido que tramitar una reunión mediante una nota formal expone que detrás del debate legislativo existe una disputa sobre quién conduce la discusión y bajo qué condiciones.

El kirchnerismo, en tanto, observa con mayor apertura la posibilidad de habilitar las reelecciones, aunque pretende incorporar otras modificaciones al sistema electoral bonaerense.

Así, lo que inicialmente parecía un proyecto puntual empieza a convertirse en una negociación mucho más amplia.

Los votos todavía no están

El principal problema para el kicillofismo es bastante concreto: hoy no tiene los votos.

La iniciativa presentada por la senadora Ayelén Durán continúa en la Comisión de Legislación General del Senado y todavía no existe fecha definida para su tratamiento.

El presidente de ese cuerpo, Germán Lago, admitió que el proyecto está esperando el “tiempo político” adecuado para avanzar.

La frase resume bastante bien el momento.

En política legislativa, el tiempo político suele comenzar cuando aparecen los votos.

Y todavía no aparecieron.

Eso obliga al oficialismo a construir acuerdos no sólo dentro del peronismo sino también con sectores opositores si pretende modificar nuevamente las reglas electorales.

La verdadera pelea empieza en los municipios

El debate tiene una dimensión provincial, pero sus consecuencias se sentirán especialmente en los 135 municipios bonaerenses.

Si la legislación no cambia, numerosos intendentes deberán empezar a pensar sucesores.

Eso significa internas, disputas por candidaturas y reacomodamientos dentro de cada fuerza política.

Si, en cambio, vuelven las reelecciones indefinidas, muchos jefes comunales podrán conservar el control de sus territorios y postergar esas sucesiones.

La diferencia no es menor.

En algunos distritos podría significar abrir completamente la competencia política.

En otros, mantener prácticamente intacta la estructura que gobierna actualmente.

Por eso esta discusión seguramente tendrá mucho más impacto político del que parece tener una modificación legislativa.

2027 empieza mucho antes de 2027

En las próximas horas habrá dos movimientos que pueden empezar a mostrar hacia dónde va la negociación.

Primero, el encuentro entre Bianco y Galmarini.

Después, la reunión de la Comisión de Reforma Política del Senado, que había sido postergada justamente por la falta de definiciones del Ejecutivo.

Puede ocurrir que el proyecto avance.

También puede quedar nuevamente congelado.

Pero independientemente de lo que ocurra esta semana, la discusión deja una señal política difícil de ignorar.

La elección de 2027 ya empezó.

Empezó en las oficinas de La Plata, en las reuniones entre dirigentes y en las negociaciones legislativas.

Antes de discutir quién será candidato a gobernador, quién encabezará las listas o cómo se enfrentarán peronismo y libertarios, la política bonaerense empieza por algo más básico:

definir quién podrá presentarse.

Y detrás de esa discusión aparece una pelea todavía mayor.

No se trata solamente de cuánto tiempo puede gobernar un intendente.

Se trata de quién controla el territorio, quién conserva poder y desde qué lugares se construirá la próxima elección bonaerense.

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