El gobernador bonaerense tiene por delante la discusión del Presupuesto 2027 y busca avanzar con dos reformas importantes en materia sanitaria. Pero las dificultades para reunir apoyos incluso dentro del propio peronismo anticipan un cierre de gestión atravesado por la negociación política y la carrera hacia 2027.
Axel Kicillof comienza a transitar una etapa particularmente compleja de su segundo mandato. Mientras intenta sostener la gestión y proyectar su figura más allá de la provincia de Buenos Aires, la Legislatura empieza a mostrarle que cada iniciativa importante necesitará algo más que los votos de la oposición: primero deberá ordenar las diferencias dentro de su propio espacio.
La señal más reciente apareció en el Senado bonaerense. Dos proyectos impulsados por el Ejecutivo y defendidos personalmente ante los legisladores por el ministro de Salud, Nicolás Kreplak, quedaron en estudio en la Comisión de Salud Pública y no consiguieron despacho.
Se trata de la creación del Sistema Integrado de Salud de la Provincia de Buenos Aires (SIPBA) y del Centro de Industria Farmacéutica Bonaerense, dos iniciativas que el Gobierno considera estratégicas para su política sanitaria.
Dos proyectos que muestran algo más que una discusión sobre Salud
El SIPBA propone una mayor articulación entre los sectores público, privado y de la seguridad social, bajo coordinación del Ministerio de Salud provincial. Entre otras herramientas, plantea una Red Bonaerense de Atención y Cuidados organizada según los diferentes niveles de complejidad.
El segundo proyecto busca crear el Centro de Industria Farmacéutica Bonaerense como una sociedad anónima con participación estatal mayoritaria, con el objetivo declarado de fortalecer la producción pública de medicamentos y otros productos médicos, abastecer a Provincia y municipios y reducir costos.
Kreplak había concurrido al Senado una semana antes para defender ambos proyectos. Allí sostuvo que las reformas estaban pensadas a largo plazo y aseguró que no implicarían aumentar el presupuesto ni el gasto.
Sin embargo, cuando llegó el momento de avanzar, los votos no aparecieron.
La oposición planteó reparos, pero el dato políticamente más incómodo para el gobernador estuvo dentro de Fuerza Patria. El senador Mario Ishii manifestó diferencias con el esquema propuesto para la industria farmacéutica y su posición terminó siendo determinante para que el oficialismo no pudiera conseguir el despacho que esperaba.
Formalmente, los proyectos no fueron rechazados: quedaron en estudio y podrán seguir siendo discutidos. Políticamente, sin embargo, dejaron una fotografía que preocupa al Ejecutivo: tener mayoría en determinados ámbitos legislativos no significa necesariamente tener todos los votos alineados.
Y ahora viene el Presupuesto 2027
El escenario adquiere mayor importancia porque Kicillof tiene por delante una negociación considerablemente más grande: el último Presupuesto de su actual gestión.
El ministro de Economía bonaerense, Pablo López, comunicó a las autoridades de ambas cámaras que el Ejecutivo demorará el envío del Presupuesto 2027 y la Ley Fiscal Impositiva hasta contar con la información del Presupuesto Nacional que prepara el gobierno de Javier Milei.
La explicación tiene una lógica económica. Una parte de las proyecciones provinciales depende de variables nacionales como inflación, actividad, recursos tributarios y transferencias. El cronograma nacional prevé que el proyecto de Presupuesto 2027 sea remitido al Congreso el 14 de septiembre.
Pero detrás de los números aparecerá inevitablemente la política.
El Presupuesto será el que acompañe a la Provincia durante 2027, un año electoral, y constituirá la última gran hoja de ruta económica del segundo mandato de Kicillof.
Allí deberán discutirse recursos para salud, educación, seguridad, obra pública y funcionamiento del Estado, pero también las necesidades financieras de los municipios. Y cada uno de esos capítulos puede transformarse en moneda de negociación legislativa.
La rosca empieza a pesar sobre la gestión
Ese es probablemente el mayor desafío político que enfrenta ahora Kicillof.
El gobernador necesita mostrar capacidad de gestión mientras simultáneamente crece la discusión sobre su futuro político. Los intendentes comienzan a pensar en 2027, el peronismo debate candidaturas y liderazgos y los diferentes sectores empiezan a calcular qué lugar ocuparán en la próxima etapa.
En ese escenario, cada ley puede terminar atravesada por discusiones que exceden el contenido de la propia norma.
Lo ocurrido con Salud funciona como advertencia. Una reforma sanitaria y la creación de una empresa provincial de medicamentos terminaron exponiendo diferencias internas que todavía deberán resolverse para que ambos proyectos puedan salir de comisión.
Con el Presupuesto la dificultad será mucho mayor.
Kicillof deberá negociar con la oposición, pero también garantizar que las distintas vertientes de Fuerza Patria acompañen una herramienta que será central para cerrar su gestión.
Gobernar mientras comienza la carrera por sucederlo
Hay además una particularidad que diferencia este Presupuesto de los anteriores.
Kicillof transita su segundo mandato consecutivo y, con las reglas vigentes, no puede presentarse para un tercer período consecutivo como gobernador. Por eso, mientras administra la Provincia, inevitablemente comienza otra discusión: quién encabezará el peronismo bonaerense en 2027 y qué papel tendrá el propio gobernador en la construcción nacional del espacio.
Eso modifica el comportamiento de todos los actores.
Intendentes, legisladores y sectores internos saben que se aproxima una etapa de redefinición del poder. Y cuanto más cerca esté 2027, más difícil será separar completamente las discusiones de gestión de las negociaciones electorales.
Por eso, los proyectos de Salud que esta semana quedaron frenados pueden ser apenas un anticipo.
El desafío para Kicillof será conseguir que la carrera por lo que viene no paralice lo que todavía queda por hacer. Tiene leyes pendientes, un Presupuesto decisivo por negociar y más de un año de gestión por delante.
La pregunta ya no pasa únicamente por cuáles son los proyectos que quiere aprobar el gobernador, sino por cuánto margen político conservará para conseguir los votos necesarios cuando la Legislatura empiece a mirar cada vez más hacia 2027.
