• 18 octubre, 2026

Los salones de fiestas infantiles atraviesan una fuerte caída de la demanda. Con celebraciones que pueden costar hasta $690.000, las familias buscan alternativas más económicas, comparten festejos y reducen gastos. Comerciantes advierten sobre posibles cierres.

La pérdida de poder adquisitivo de las familias argentinas comienza a reflejarse también en una tradición profundamente arraigada: los cumpleaños infantiles. Un relevamiento sectorial difundido por Noticias Argentinas revela que las reservas en peloteros y salones de fiestas registran una caída promedio del 40% respecto del año pasado, en un escenario de mayores costos y consumidores que ajustan sus presupuestos.

Lo que durante años fue una opción habitual para celebrar con amigos y compañeros de escuela se convirtió en un gasto difícil de afrontar para numerosos hogares.

Festejar puede costar casi $700.000

En distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires, los paquetes para organizar un cumpleaños infantil oscilan entre $450.000 y $690.000, dependiendo del día, el horario y los servicios contratados.

Los valores incluyen generalmente el alquiler del salón, coordinación de juegos y alimentación básica para los chicos, mientras que otros servicios pueden incrementar considerablemente el presupuesto.

Para los propietarios, la situación también resulta complicada. Los alquileres comerciales, los servicios públicos, los salarios y el encarecimiento de los insumos presionan sobre los costos de funcionamiento.

La consecuencia es una combinación difícil de sostener: menos reservas, mayores gastos y márgenes de rentabilidad cada vez más ajustados.

Cumpleaños compartidos, menos invitados y festejos en plazas

Frente a este escenario, muchas familias comenzaron a modificar sus hábitos.

Una de las modalidades que gana terreno es la de compartir el cumpleaños entre dos o más chicos, generalmente compañeros de escuela que cumplen años en fechas cercanas. De esa manera, los padres pueden distribuir los costos de contratación.

También se reducen los servicios adicionales destinados a los adultos, mientras algunos establecimientos flexibilizan sus condiciones para permitir que las familias lleven bebidas o alimentos.

Otra alternativa es trasladar las celebraciones a plazas, parques y espacios públicos, con tortas caseras, juegos organizados por los propios padres o animadores contratados de manera independiente.

Comercios que evalúan cerrar

El impacto económico no se limita a los festejos familiares.

Detrás de cada pelotero funciona una pequeña estructura comercial que genera trabajo para animadores, personal de limpieza, empleados de atención al público y proveedores de alimentos, decoración y entretenimiento.

Según los testimonios recogidos por Noticias Argentinas, algunos comerciantes aseguran que, pese a mantener congelados sus precios, no logran recuperar la demanda.

Otros reconocen que la actividad dejó de representar su principal fuente de ingresos y evalúan la posibilidad de cerrar sus establecimientos.

¿Qué ocurre en la Costa Atlántica?

Aunque el relevamiento se concentra principalmente en establecimientos del Área Metropolitana de Buenos Aires, la situación abre interrogantes sobre el comportamiento del consumo en ciudades turísticas y localidades de la Costa Atlántica.

En distritos como Mar del Plata, Pinamar, Villa Gesell y el Partido de La Costa, los salones infantiles también forman parte de una actividad comercial vinculada al empleo, los servicios y el consumo familiar.

Sin embargo, todavía no se dispone de un relevamiento regional que permita establecer si la caída alcanza los mismos niveles.

La evolución de las reservas, los precios y las modalidades de contratación será un indicador para conocer cómo están respondiendo las familias de la región.

Cuando el ajuste también alcanza a los festejos

La disminución de las reservas en salones infantiles refleja una transformación en las decisiones de consumo de los hogares.

Ante presupuestos cada vez más exigidos, actividades que antes formaban parte de la organización familiar comienzan a revisarse, reducirse o reemplazarse por opciones de menor costo.

El fenómeno también plantea un desafío para los pequeños emprendimientos que dependen de estos eventos y que deben adaptar sus propuestas para conservar clientes.

La crisis económica no solamente modifica qué compran las familias: también está cambiando cómo celebran y comparten sus momentos especiales.

Fuente: Noticias Argentinas, con información publicada por La Capital de Mar del Plata el 17 de octubre de 2026.

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