En Mar del Plata anunciaron protestas y una movilización ante una situación que califican como crítica para el comercio. El escenario vuelve a poner en discusión cómo sostener la actividad durante todo el año. Pinamar acaba de mostrar otra cara del problema con el Enduro del Invierno y miles de personas movilizadas durante un fin de semana de agosto.
La caída del consumo empieza a generar señales de alarma cada vez más fuertes entre los comerciantes de la Costa Atlántica.
En Mar del Plata, el Movimiento Horizontal de Comerciantes Minoristas anunció que desde este miércoles realizará protestas diarias frente a los locales y convocó para el próximo 14 de septiembre a una movilización frente al Palacio Municipal.
La organización describe una situación crítica y habla directamente de un “consumo pulverizado”.
Desde el miércoles, la propuesta será hacer ruido durante tres minutos, todos los días a las 18, frente a cada comercio que adhiera al reclamo. Luego, el 14 de septiembre a las 20, los comerciantes buscarán trasladar la protesta hasta la Municipalidad.
El movimiento sostiene que Mar del Plata cuenta con entre 20.000 y 25.000 puntos de venta y estima que el sector sostiene entre el 25% y el 30% de la fuerza laboral activa de la ciudad.
También asegura que la caída acumulada de las ventas en los mostradores supera el 50%.
Se trata, en ambos casos, de estimaciones realizadas por la propia organización de comerciantes y no de estadísticas oficiales. Pero el reclamo expone una preocupación que atraviesa a buena parte de las economías locales: qué ocurre cuando la gente reduce sus compras y los negocios tienen que seguir afrontando alquileres, servicios, impuestos, salarios y otros costos.
El problema se siente todavía más fuera de temporada
En las ciudades turísticas de la Costa Atlántica la situación tiene además una dificultad conocida: una parte importante de la actividad económica continúa dependiendo del verano y de los fines de semana largos.
Por eso, en los últimos años ganó fuerza una palabra que aparece permanentemente en los debates turísticos: desestacionalizar.
Significa conseguir que una ciudad reciba visitantes y genere consumo también durante otoño e invierno, cuando baja considerablemente el movimiento habitual de la temporada.
Lo ocurrido este fin de semana en Pinamar con el Enduro del Invierno sirve como ejemplo.
La competencia regresó después de 34 años a la ciudad donde había nacido y reunió a más de 500 pilotos nacionales e internacionales, además del público que acompañó las dos jornadas.
Durante la discusión previa al evento, uno de los principales argumentos del Municipio y de sectores vinculados al turismo fue justamente el económico: generar visitantes, ocupación, gastronomía, compras y trabajo durante uno de los períodos más difíciles del año.
El Consejo de Turismo de Pinamar respaldó la realización de la competencia al considerar que este tipo de acontecimientos puede generar movimiento turístico y comercial durante el invierno.
Incluso cuando se discutió en el Concejo Deliberante por qué la organización no pagaría un canon por la utilización del espacio público, desde el Ejecutivo se defendió la decisión señalando que el beneficio esperado estaría en los ingresos indirectos generados para comerciantes y emprendedores de la ciudad.
El Enduro tuvo además una fuerte discusión ambiental por haberse desarrollado sobre la playa y los médanos. Ese debate continúa abierto y ahora deberá conocerse el resultado de las tareas de remediación previstas para el sector.
Pero desde el punto de vista económico dejó planteada otra pregunta que excede al propio evento: ¿cómo se consigue generar movimiento comercial en las ciudades turísticas cuando termina el verano?
Comercios que necesitan clientes durante todo el año
Mar del Plata y Pinamar tienen escalas y características diferentes, pero comparten parte del mismo desafío.
Hoteles, restaurantes, comercios, prestadores turísticos y trabajadores necesitan que la actividad no quede concentrada solamente en algunas semanas de enero y febrero.
Cuando el consumo interno se retrae, esa necesidad se vuelve todavía más evidente.
En Mar del Plata, un grupo de comerciantes decidió ahora llevar esa preocupación a la calle.
En Pinamar, en cambio, el último fin de semana de agosto mostró la apuesta por un gran evento deportivo para intentar generar movimiento en plena temporada baja.
Todavía falta un dato fundamental para evaluar esa experiencia: conocer cuánto movimiento económico produjo realmente el Enduro del Invierno.
Cuántos visitantes llegaron, qué ocupación tuvieron los alojamientos, cuánto aumentó el trabajo en gastronomía y qué impacto concreto percibieron los comercios son números que permitirían determinar cuánto puede aportar un evento de estas características a una economía local.
Porque detrás de las discusiones sobre eventos, turismo y calendarios aparece una realidad mucho más cotidiana.
Un comercio necesita gente entrando por la puerta. Un restaurante necesita mesas ocupadas. Un hotel necesita habitaciones vendidas. Y un trabajador necesita que toda esa actividad continúe generando empleo.
El reclamo que comienza en Mar del Plata vuelve a poner ese problema sobre la mesa.
Y el movimiento que tuvo Pinamar durante el Enduro muestra, al mismo tiempo, por qué las ciudades de la Costa Atlántica buscan cada vez con mayor insistencia generar motivos para que los visitantes lleguen también cuando el calendario marca invierno.
